El hilo invisible

Mirarte

Mirar, y ser mirada.

En casi todos mis cuadros hay alguien que te mira. A veces es un jaguar entre la niebla; a veces una mujer que baja los párpados; a veces, sin más, un ojo que se abre en mitad del color. No lo planeo: aparece, como si la pintura necesitara devolverte la mirada.

Durante mucho tiempo creí que pintaba series distintas —fauna, retratos, desiertos— hasta que vi lo que tenían en común: todas te observan. El hilo que une mi obra no es un tema ni un color. Es la mirada.

Por eso a esto lo llamo Mirarte. La palabra guarda dos gestos a la vez: mirar y ser mirada —mirar-te— y, escondida dentro, la palabra que lo sostiene todo: arte. Contemplar un cuadro nunca ocurre en una sola dirección: tú miras la obra, y la obra te mira a ti. En ese cruce pasa lo importante.

Tú miras la obra;
la obra te mira a ti.mirar · te · arte

El ojo llegó el primer día, en mi primera obra, y no se ha ido. Lo he pintado realista en la cara de un animal, tierno en el rostro de una mujer, imposible en el portal de un desierto. Cambia de forma, pero siempre hace la misma pregunta: ¿quién observa a quién?

Me gusta pensar que un cuadro no se cuelga solo para decorar una pared, sino para acompañar. Algo que te sostiene la mirada cuando entras en la habitación, que te reconoce, que te devuelve un poco de ti misma.

Si alguna de mis obras te ha parado un segundo —si has sentido que te miraba— entonces ya nos hemos entendido. De eso trata todo esto.

¿Cuál te sostiene la mirada?

Recorre las colecciones y descubre cuál te devuelve la tuya. Y si alguna te reconoce, escríbeme.