La autora

Sobre Violeta

Nunca imaginé que acabaría pintando.

El caballete que me encontró

Todo empezó el día que encontré un caballete abandonado junto a un contenedor. Al verlo pensé, casi sin darle vueltas: «¿Y si yo también pudiera pintar un cuadro?» Lo subí a casa sin ninguna experiencia y sin imaginar que aquella decisión acabaría cambiando mi vida.

A veces pienso que aquel caballete me encontró a mí, más que yo a él.

Nunca había pintado. Entré en una tienda de bellas artes con la ilusión de quien empieza algo completamente desconocido. Elegí unos pinceles, unos lienzos y pintura acrílica, convencida de que solo había una forma de descubrir si aquello también podía ser para mí: empezar.

La primera obra que nació de aquel caballete fue un paisaje surrealista: un rostro fragmentado, un gran ojo y unos cactus bajo un cielo imposible. Sin darme cuenta, muchos de los símbolos que siguen apareciendo en mi pintura ya estaban allí desde el principio.

Tótem del desierto místico — rostro de perfil con dos ojos decorados, cactus dorado y desierto bajo un cielo azul y rosa
La primera obra · Tótem del desierto místico

Pocos meses después viajé a Tanzania. En Zanzíbar descubrí el trabajo de artistas locales y regresé con una pequeña pintura de una jirafa que todavía conservo. Aquel viaje despertó en mí el deseo de pintar la fuerza y la presencia de los animales salvajes. Así nacieron mis primeras obras inspiradas en la selva.

Ese mismo año viajé a Laponia. Sus paisajes silenciosos, la nieve y la forma en que la naturaleza parece detener el tiempo dieron origen a una nueva serie de animales: el oso polar, el ciervo y el zorro.

Con el tiempo entendí que, aunque cada colección naciera de una experiencia distinta, todas compartían un mismo hilo invisible: la mirada. La de un animal salvaje, la de una mujer que se recoge en silencio o la de ese ojo que atraviesa mis composiciones como un símbolo de intuición, presencia y transformación.

Cada obra está pintada íntegramente a mano, es única, va firmada y se entrega con su certificado de autenticidad.

Muchas veces no soy capaz de imaginar cómo terminará una obra. Hay momentos en los que el lienzo parece ir en la dirección equivocada y empiezo a dudar. Entonces me repito siempre la misma frase:

«Confía en el proceso»

He aprendido que no debo juzgar un cuadro antes de tiempo; casi siempre encuentra su lugar mucho antes de que yo sea capaz de verlo.

Desde entonces, cada lienzo en blanco sigue siendo una invitación a descubrir algo que todavía no sé ver.

La mirada sigue buscando pared

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